En lo alto de Las Vistillas, donde el Paseo se asoma al Guadalquivir, se conserva un viejo edificio que fue parte de la historia industrial de la ciudad. Antes de imaginar su futuro, queremos rescatar su pasado.
Este espacio nació dedicado a un oficio hoy casi olvidado: el de los maestros jaboneros de Andújar. Estamos reuniendo su historia —y para eso necesitamos la memoria de quienes la vivieron o la recuerdan.
Durante más de un siglo, Andújar fue tierra de jabón. Sus fábricas —activas desde el siglo XIX hasta los años setenta— aprovechaban el aceite de oliva de la comarca para elaborar un jabón artesano apreciado incluso en Madrid. En 1920 aún quedaban diecisiete fábricas en la ciudad.
Al final del Paseo de las Vistillas, donde arranca la Cuesta de Castejón, se conserva el edificio de una de aquellas fábricas. Allí trabajaron maestros jaboneros que vigilaban las calderas y cuidaban el color y la textura de cada mezcla; junto a la fábrica estaba la vivienda donde vivían sus familias. Cuentan que desde sus ventanas, más de cien años después, aún se ve el bosque de fresnos y álamos que acompaña al Guadalquivir.
Esa memoria —recogida por el profesor Ángel Ramírez Medina a partir de la historia de su propia familia— es el punto de partida de La Solera. La compartimos con su permiso, y con el deseo de seguir completándola.
El tiempo ha dejado su huella en cada muro. Antes de devolver la vida a este lugar, queremos mirarlo despacio: su arquitectura, sus materiales, el río y la sierra que lo rodean.
Este teléfono aún cuelga de la pared de la fábrica. Hoy te toca a ti descolgarlo: cuéntanos lo que sabes de Las Vistillas.